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¿Qué les ocurre a nuestros ojos mientras dormimos?

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El sueño es un estado biológico presente en animales y en seres humanos que se define en función de unas características comportamentales y fisiológicas.

Tal y como nos indican desde la Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia en Atención Primaria, del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, durante el sueño existe una ausencia o disminución de movimientos corporales voluntarios y se adopta una postura estereotipada de descanso, distinta en cada especie animal. Antes de dormir buscamos un lugar seguro y tranquilo adoptando una postura cómoda que nos ayude a conciliar el sueño en un ambiente sin ruido. Además, existe una escasa respuesta a estímulos externos de baja intensidad que es reversible -a diferencia del coma-.

En 1929 el psiquiatra Hans Berger desarrolla el electroencefalograma o EEG, lo que permitió registrar la actividad eléctrica cerebral sobre el cuero cabelludo y sus diversas variaciones. La actividad eléctrica cerebral se manifiesta en el trazado EEG, en el que se identifican 4 tipos de ritmos biológicos, caracterizados por su frecuencia, topografía y reactividad: ritmo alfa (8-13 Hz, localizado en regiones posteriores, durante la vigilia tranquila y con los ojos cerrados), ritmo beta (más de 13 Hz, aparece en áreas frontales y en vigilia activa), ondas theta (4-7,5 Hz) y ondas delta (≤ 3,5 Hz)

Existen dos tipos de sueño bien diferenciados: el sueño de movimientos oculares rápidos, conocido como sueño REM (Rapid Eye Movement) o sueño paradójico y el sueño de ondas lentas, también conocido como sueño No-REM (Non rapid Eye Movement), por contraposición al sueño REM.

 

¿No-REM o REM?

El sueño de ondas lentas o No-REM. En este estado del sueño se observa ausencia de movimientos oculares rápidos, quiescencia muscular, regularidad, lentitud del pulso y la respiración, así como reducción de la presión sanguínea y menor umbral de alertamiento que el del sueño REM. En el sueño No-REM también existen ensoñaciones, que se describen en forma de “sensaciones agradables o desagradables”

En la fase de sueño REM se observan movimientos rápidos de los ojos y de los pequeños músculos faciales. También es característico el incremento e irregularidad en pulso, respiración y presión sanguínea. Este estado se ha denominado “paradójico” porque en él se observa la máxima relajación muscular y el máximo umbral de alertamiento con un sueño ligero según criterios EEG -con una actividad cerebral similar a la vigilia activa-. Es en este período de sueño en el que aparecen las ensoñaciones más “cinematográficas”, aunque a veces no es posible recordar su contenido.

 

Pero, ¿por qué a veces no recordamos lo que soñamos?

Diferentes estudios señalas algunas de las razones que, una vez despertamos, nos permiten recordar los sueños. Por un lado, la teoría de la represión de Freud afirma que nuestros sueños son deseos que tenemos y que, si no los recordamos, es porque nuestro cerebro los bloquea. Otras señalas que todas aquellas vivencias oníricas suelen olvidarse porque carecen de interés para nosotros, o porque no llegamos a comprenderlas. 

En esta línea, y apoyándonos en lo anteriormente comentado, durante la fase de sueño REM, las ondas que emite nuestro cerebro hacen difícil procesar la información, de forma que tan solo unos fragmentos o vagos recuerdos de nuestros sueños es lo único que nos queda tras despertar.

La parte del cerebro protagonista durante la coordinación del proceso del sueño se denomina Sistema Activador Reticular o SAR. Comprende un gran número de células nerviosas del cerebro y es el centro del sistema nervioso central, responsable de regular la vigilia y las funciones vitales durante el sueño. Cuando las neuronas “apagan” su actividad, el SAR reduce el nivel de lucidez mental. Hay una interacción continua y significativa entre el SAR y otros órganos reguladores del cerebro.

Además, se ha comprobado que cuando el electroencefalograma mostraba un ligero patrón oscilatorio durante el sueño REM, era entonces cuando las personas recordaban lo que habían soñado. Para tener un recuerdo, primero necesitamos formarlo en el hipocampo y después este se mueve a otras partes del cerebro, como son la corteza prefrontal, la amígdala cerebral o el neocórtex. Esta sincronización desaparece durante el sueño, por eso resulta complicado que podamos recordar lo que soñamos. Aunque, por supuesto, no imposible.