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Una revisión oftalmológica temprana para prevenir problemas de rendimiento escolar

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El rendimiento escolar. Una de las grandes preocupaciones de todos los padres y madres en la actualidad. En los niños entre 4 y 10 años aproximadamente, es relativamente frecuente que surjan problemas en este ámbito. Estas dificultades, salvo que haya problemas cognitivos o de desarrollo más serios –asunto que los pediatras no tardan en diagnosticar a edades muy tempranas–, habitualmente son pasajeros y no revisten gran importancia.

 

Múltiples circunstancias que afectan al rendimiento escolar

No todos los niños aprenden a la misma velocidad. Cada individuo tiene unas características únicas, que cambian con el paso del tiempo, ya que durante nuestra infancia vivimos en una constante evolución. El hecho de ir rezagado en un momento dado, no es un problema. Terminará alcanzando sus metas exactamente igual que los demás.

Además de las circunstancias particulares de cada uno, también están muy presentes el grado de motivación, el estrés y la ansiedad que producen las nuevas situaciones, los niveles de atención y disciplina, o la sobreexposición a los estímulos a través de los medios audiovisuales.

 

La prevención y el diagnóstico temprano, clave para evitar futuros problemas

Del mismo modo, también nos encontramos con los problemas visuales. Hipermetropías y astigmatismos, muchas veces no diagnosticados, pueden restar agudeza visual y estar detrás de problemas escolares. Por lo tanto, cuando hay dificultades de lectura o de rendimiento escolar, acudir al oftalmólogo es importante.

Cuando un niño tiene un problema de visión no acostumbra a decírselo a sus padres. En muchas ocasiones, porque no es consciente de que ve mal. La salud ocular de los niños influye de forma importante en su desarrollo intelectual y emocional. Por eso, recomendamos que, aunque un niño no se queje, la primera revisión ocular debería ser a los tres años de edad.

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El procedimiento en la consulta del oftalmólogo

La exploración consta de una metodología de carácter más subjetiva, que depende, fundamentalmente, de las impresiones y sensaciones que tiene el paciente a la hora de ver, y una metodología de carácter más objetivo, con evaluaciones y mediciones sin ninguna influencia externa.

En la exploración subjetiva, se procede a la medición de los siguientes valores:

  • Determinar la agudeza visual de lejos y de cerca.
  • Realizar exámenes de refracción.
  • Examinar la visión binocular.
  • Evaluar la acomodación – solo a partir de los 7 años –.
  • Comprobar la estereopsis –percepción de los objetos en 3D–.
  • Valorar la percepción de los colores, por si hubiera antecedentes personales.

 

En la exploración objetiva, se procede a la medición de los siguientes valores:

  • Identificar de forma objetiva si el niño tiene errores de refracción.
  • Escoger el colirio más adecuado para dilatar la pupila.
  • Instilar las gotas en un intervalo de 5 minutos.
  • Realizar la exploración a los 30 minutos después de colocar las gotas.
  • Utilizar las reglas esquiascópicas, cuando son muy pequeños, y el retinoscopio.

 

La información que obtiene el oftalmólogo a partir de estos datos, les ayuda a tomar el camino para un adecuado diagnóstico y seguimiento del paciente.